Ofrenda

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martes, 27 de marzo de 2012


Adamas, 4 de enero de 2012.

Milos tiene el encanto añadido de ser un lugar ya visitado. Las nuevas imágenes y las sorpresas se mezclan con los recuerdos y un paseo feliz se une a la memoria de aquellos buenos tiempos.
Por la mañana he llegado a mi habitación. La señora Eleni me recibe con un torrente verbal que casi me marea. Es muy amable, pídame cualquier cosa que necesite, no me molesta, estoy aquí para ayudarle. Me da a elegir habitación. Elijo una de la segunda planta con vistas al mar; una habitación pequeña pero, como dice la señora Eleni, encantadora.
Paseo por el puerto, por el pueblo, visito las dos iglesias y bajo al puerto otra vez. Un largo recorrido hasta la playa de Adamas.
Luego he vuelto al puerto y un gato blanco y gris decide ser mi mejor amigo durante mi merienda. Cuando se ha quedado más satisfecho que yo con mi tirópita, se ha acostado en mi regazo para recibir mis caricias. Gato listo.
Y luego el momento difícil. Elegir bien el café que se convertirá en destino cada tarde antes de acabar mi día. Al final, de los tres que hay abiertos en el puerto, me decido por el Yangos. Es cómodo y me deja ver el mar, tenerlo vigilado y responder a su preguntas.
Echo de menos el calor de la leña quemándose en el Mouragion de Kárpathos y echo de menos a Mario en Milos.