Ofrenda

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martes, 5 de abril de 2011

BUEN VIAJE, COMPAÑERO


Aqh’na, 24 – XII – 2008

Anoche caí rendido, serían las diez. Esta mañana a las siete ya estaba en pie. Bajo a desayunar y salgo a perderme entre el frío de Atenas. Me tienta la idea de un segundo café, quiero tomarlo en algún lugar cómodo, una cafetería que invite a quedarse. Mis pasos en Atenas siempre son confusos, nunca soy capaz de seguir una ruta determinada. Tuerzo las esquinas sin plan y sin destino y poco a poco me adentro, con una falta de voluntad freudiana, en Exarjia. Me gusta este barrio anarquista, sus tiendas de pueblo, sus calles desafiando la idea del paralelismo. Cruzo calles, me asomo a escaparates de librerías, miro los carteles de tantas academias de idiomas que me hacen recordar el viejo sueño de ser profesor de español en Atenas.
Subo por Emmanuíl Venakis. Como si el destino lo tuviera programado, llego al punto exacto en el que la policía mató de un disparo en el estómago a Alexis Grigorópulos. Ahora las investigaciones y la autopsia parecen revelar que el disparo fue accidental, que antes había impactado en algún objeto de mármol. Sea como sea, no hay excusa para disparar con balas en una manifestación de ciudadanos.
La esquina en la que Alexis murió se ha convertido en un improvisado santuario. Las aceras llenas de flores y objetos, incluso cigarrillos. Las paredes están cubiertas de cuartillas con poemas, despedidas o gritos escritos llenos de furia. Los estudiantes han arrancado los carteles con el nombre de la calle y los han reemplazado por otros que llevan el nombre de Alexis.
Pego en la pared una octavilla. Kaló taxídi, súntrofe![1]

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[1] ¡Buen viaje, compañero!

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