Ofrenda

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miércoles, 6 de abril de 2011

CAMBIO CLIMÁTICO


Kafeneío Eúa, 29 – XII – 2008

Comienzo el día en el mismo punto en que lo terminé ayer. El mismo kafenío, la misma mesa, casi los mismos rostros. La mañana de sol saca brillos al mar y a las fachadas de color de caramelo.
La noche en la habitación del hotel ha sido de hielo. Me he puesto dos mantas, una de ellas extendida a lo ancho y bien ajustada bajo el colchón para que la cama no se deshiciera; hoy la cama seguía completamente hecha, posiblemente esta noche he muerto congelado y no se ha movido mi cuerpo ni un centímetro. Fuera se escuchaba una lluvia persistente. Leía entre las mantas antes de dormir y escuchaba la lluvia; me sentía moderadamente feliz.
Una hora después dejó de oírse la lluvia y su silencio dio paso a otros sonidos. Alguien abrió la puerta del hotel y se limpio los pies en el felpudo con paso marcial. Imaginé que sería uno de los soldados con los que comparto el hotel. Para no molestar a su compañero de cuarto salió a hablar por teléfono al pasillo. Más de media hora de bronca y reproches repetidos. Al otro lado de la línea se podía, por el volumen, distinguir una voz de mujer; una voz aguda, gritona, excitada. Una jaula de gritos irritados encerrados en un auricular.
— No me grites, te lo he dicho mil veces... Sí, claro, te hablo como me hablas... No tientes a la suerte... Ese tema ya lo hemos discutido y está zanjado, así que no vuelvas a las gilipolleces.
Leía el texto de Almudena Grandes como si estuviese en una lengua extraña; cada diez o doce líneas debía regresar al principio para comprender lo que leía. Las voces al lado de mi puerta no me dejaban concentrarme. Gritos y amenazas.
— ¡Voy a colgar! ¿Me oyes? ¡Voy a colgar!
En un par de ocasiones casi le animo a hacerlo, pero no me dio tiempo, se fue a la calle con sus voces y sus pasos marciales. Sonidos que se fueron alejando del balcón y se perdieron en algún punto del puerto. Pensé entonces en cuántas escenas así había vivido y me alegré de estar solo. La remota posibilidad de volver a tener una conversación así por teléfono me puso el vello de punta. O tal vez fue el frío.
Intenté adormecerme con la televisión de fondo. Nieva en toda Grecia, han bajado las temperaturas y habrá vientos helados y fuertes desde el norte. Imágenes de España, de Francia, de Italia. ¿Calentamiento global? ¿Desertización progresiva? Me quedé dormido con esa idea y he comprobado esta mañana, sin sorpresa, que lo único que se va convirtiendo en un desierto es el hemisferio oeste de mi cama.

*          *          *

Hay dos barcos a Kos, uno mañana a las diez de la noche y otro el día treinta y uno a las nueve y media de la mañana. Creo que mejor será esperar al treinta y uno, llegar a Kos de día y encontrar fácilmente alojamiento. Son los dos únicos barcos que hay para un destino que no sea Rodas. Dos días aún en Symi. Dos noches en esa habitación que me congela hasta el alma. La sensación de cambio climático que me abrazará esta noche la espalda.


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2 comentarios:

Blogger dijo...

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