Ofrenda

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viernes, 23 de marzo de 2012


Ayos Nikolaos, 29 de diciembre de 2011

Después de que me entregaran las llaves del coche y recibir unas espantosas explicaciones en inglés de Kárpathos o en griego de Chicago, no sé bien, me pierdo literalmente por los caminos de la isla. Siempre sé más o menos qué dirección debo tomar, pero cuando hay una bifurcación echo de menos una señalización que jamás está donde debe.
Como no tengo prisa y puedo vagar con el coche a mi antojo, me pierdo y me vuelvo a perder por los caminos sin ponerme nervioso. ¿De qué me serviría la impaciencia?
La pérdida tiene como recompensa este pueblo diminuto y desierto en una bahía anclada entre rocas grises que llegan desde la cumbre al mar. El agua es de un tono verde cristalino, los peces confiados y sin amenazas cercanas.
A lo lejos veo dos hombres que pintan una barca. Una chimenea deja salir un humo gris y perezoso de mañana soleada de invierno.

1 comentario:

Juan Luis López dijo...

Que bueno es perderse de vez en cuando.

Un abrazo!